Muestra, no cuentes | Un error muy frecuente

Estoy segura de que has escuchado la expresión «Muestra, no cuentes» o tal vez te lo ha dicho alguien.

Bueno, déjame decirte que, como todo, hay que tener un equilibrio. Está bien mostrar y contar las cosas a los lectores, pues esto hará que la obra sea más real, más intuitiva y a la vez no se hará pesada.

Pero, ¿qué es contar? ¿Qué es mostrar? ¿Cuál es el propósito?

Contar

Cuando describes las escenas, los edificios, personajes o la ropa que estos llevan están contando lo que tú te imaginas, cómo lo ves desde tu punto de vista. Informas de lo que sucede en la escena sin más. Le das todo mascado al lector sin dejarle lugar a la imaginación ni a que empatice.

Un ejemplo de esto sería:

Clara caminaba hacia su casa, un edificio de dos plantas. Las paredes verdes la hacían destacar entre las otras del barrio. A ella le parecía un horror y no dudó en decírselo a sus padres en cuanto llegó al salón.

Su madre le tendió una bandeja con galletas recién horneadas y le dijo que a ellos le gustaba así.

Esto es lo mismo que decir que el cielo es azul o que el césped es verde. Simplemente es decir cómo son las cosas y ya.

Mostrar

Con esto, no solo ayudas a que los lectores se imaginen la escena, sino que también haces que las viva, porque implica las emociones de los personajes, como se sienten en una determinada acción y puedes enseñar como perciben su alrededor. Aquí se añaden los sentidos: gusto, oído, tacto y olfato, más todas las demás emociones. Así, consigues que un texto pueda resultar inquietante para quien lo lea, empatice con los personajes que aparezcan y sobre todo, haces que la persona que lee la obra, relato etc, experimente lo que quieres transmitir.

Un ejemplo de esto sería:

Clara caminaba hacia su casa. Al verla, dio varios pasos hacia atrás para contemplarla mejor, era de dos plantas. Por un momento cerró los ojos ante el color verde de las paredes, era molesto.

—Que horror —dijo para sí misma, negando con la cabeza a la vez que entró al interior—. ¿Por qué no cambiáis ese maldito color? Es doloroso a la vista, incluso los vecinos se quejan —le dijo a sus padres en cuanto llegó al salón.

—A nosotros nos gusta, cariño —dijo con una amplia sonrisa y le tendió una bandeja con galletas.

Estaban recién horneadas, el olor era una mezcla entre canela y vainilla. Clara no tuvo más remedio que aceptarlas y comérselas.

Como ves, en el último ejemplo, es más fácil sentir lo que sienten, es más fácil imaginarse todo en conjunto. El truco reside en meterte en la cabeza del personaje y vivirlo como lo viviría. Sé que no es fácil, pero así se consigue hacer vibrar al lector.

Como he dicho antes, muestra, no cuentes. Hay que mantener el equilibrio, habrá momentos en los que es mejor solo contar y en otros en los que es mejor mostrar. En mi opinión, estas últimas son las escenas de acción, las escenas románticas, o de descubrimientos importantes. Porque son en las que los personajes se ven más involucrados. No es lo mismo que nos describa un supermercado que una batalla campal.

Básicamente, y a modo de resumen, Contar se usa cuando se necesita dar información necesaria, y mostrar, cuando quieres emocionar o conseguir cierta emoción en los lectores.

Sé que no es fácil, yo he sido la primera en cometer el error de contar más que mostrar, pero poco a poco y escribiendo, uno se da cuenta de esto (y si tienes lectores beta ya sí que te queda bien claro). Así que ya sabes: muestra, no cuentes.

Y tú, ¿eres más de contar o de mostrar?

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Sheila G. Frutos

Sheila G. Frutos, nació en Ciudad Real en 1990. Estudió Bachillerato de Artes Plásticas y Asistencia al Producto Gráfico Impreso.
Escribe desde los doce años inspirada por las novelas juveniles y se inició a esa edad en el mundo de los fanfic y la fantasía juvenil. Actualmente compagina su gran pasión por la lectura y escritura con el diseño gráfico, su actual trabajo y con el mantenimiento de la web y canal de youtube.

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